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domingo, 16 de agosto, 2026
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Opinión

Más allá de la fe

Hace siete años, el 8 de agosto de 2019, Manuel Baeza escribió en Milenio que resultaba difícil explicar a quienes vivían fuera de Guadalajara lo que representaba la Santa Cena de La Luz del Mundo. La llamó “todo un fenómeno” y decidió hacer algo que todavía hoy resulta útil: dejar a un lado, por un momento, la discusión religiosa para observar lo que semejante concentración significaba para la ciudad.

En 2026, cuando La Luz del Mundo cumple 100 años de existencia, vale la pena repetir el ejercicio. Hay acontecimientos cuya magnitud desborda cualquier protocolo religioso. Cuando cientos de miles de personas llegan a una ciudad, ocupan calles, utilizan transporte y requieren seguridad, alojamiento y servicios, estamos también frente a un fenómeno social y urbano.

Mi lectura de esta Santa Convocación parte precisamente de ahí: más que contar creyentes, hay que observar indicadores.

El primero es la afluencia. Desde el inicio de las actividades, el 10 de agosto, diferentes publicaciones han manejado una proyección de hasta 400 mil asistentes, procedentes de alrededor de 60 países. Hay algo interesante: siete años atrás, Baeza hablaba de una estimación de hasta 600 mil fieles y comparaba aquella concentración con la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, que en 2018 había recibido 818 mil 810 visitantes durante una semana. Tomando únicamente aquellas cifras como referencia, la estimación de la Santa Cena de 2019 equivalía a aproximadamente 73% de la asistencia anual de aquella FIL.

No se trata de competir con la feria ni de decidir qué evento es más importante. La comparación sirve simplemente para dimensionar de qué estamos hablando.

Hay indicadores todavía más concretos. El 12 de agosto, Quiero TV reportó un operativo integrado por 150 policías de Guadalajara, más de 20 elementos de Protección Civil y Bomberos municipales, 4 elementos de Protección Civil y Bomberos de Jalisco, además de Policía Vial y Guardia Nacional. Dos días después, el 14 de agosto, DK 1250 informaba sobre dispositivos de seguridad y cortes viales en las inmediaciones de Hermosa Provincia, Bethel y Benito Juárez.

Ese dato me parece particularmente revelador. Las autoridades pueden no pronunciarse sobre la relevancia religiosa de una celebración, pero su despliegue operativo termina ofreciendo una medida bastante concreta de su dimensión.

Después está la logística. La celebración se desarrolla del 10 al 15 de agosto, con el 14 de agosto como fecha central de la Santa Cena. Recibir durante casi una semana a visitantes procedentes de México y del extranjero supone alimentación, hospedaje, transporte, servicios sanitarios, movilidad, seguridad y coordinación. En la ceremonia de bienvenida del día 10 se reportó, además, la participación de delegaciones de siete países africanos: Mozambique, Santo Tomé y Príncipe, Angola, Guinea Ecuatorial, Sudáfrica, Gabón y Cabo Verde. Es decir, casi 12% de los aproximadamente 60 países mencionados en las coberturas corresponden solamente a esas delegaciones africanas.

Y aquí aparece inevitablemente el otro lado de la historia.

Sería incompleto hablar únicamente de multitudes, banderas y logística sin mencionar que La Luz del Mundo atraviesa desde hace años una crisis reputacional derivada de la situación judicial de su director internacional. Buena parte de la conversación digital alrededor de la Santa Convocación regresa inmediatamente a ese asunto. Basta observar los comentarios en publicaciones sobre bautismos, seguridad o llegada de visitantes para advertir que la controversia, discriminación e intolerancia continúa presente.

Quizá ese sea precisamente el indicador político más interesante de 2026.

Siete años después de aquella columna de Baeza, y después de todo lo ocurrido desde entonces, La Luz del Mundo llega a su primer centenario conservando capacidad para reunir multitudes, movilizar delegaciones internacionales y generar una operación que involucra a autoridades de los tres órdenes de gobierno.

Se puede cuestionar a la institución. Se puede discutir su historia, sus dirigentes y también las cifras que proporciona. Todo ello forma parte del debate público.

Pero hay algo que resulta más difícil discutir: la capacidad de organización, movilización y permanencia también se mide.

A veces los fenómenos sociales se entienden mejor cuando dejamos de contar opiniones y comenzamos a contar personas, países, días, calles, policías y recursos movilizados.

Los indicadores no resuelven la discusión. Pero ayudan a ponerla en perspectiva.

Nos leemos.

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