En el año 2000, Vicente Fox llegó a la Presidencia prometiendo sacar al PRI de Los Pinos. Veintiséis años después, entró por la puerta del PRI para hablar de cómo enfrentar a Morena.
El 2 de julio de 2000, Fox obtuvo 42.52% de los votos, frente al 36.11% de Francisco Labastida. Aquella diferencia de poco más de seis puntos fue suficiente para terminar con 71 años de gobiernos encabezados por el PRI y sus antecesores. Millones de mexicanos celebraron entonces algo que parecía histórico: la alternancia había llegado.
El 4 de septiembre de 2026, aquel mismo Vicente Fox volvió a la sede nacional del PRI. Ya no como el enemigo que había desalojado al partido del poder, sino como visitante distinguido de Alejandro Moreno Cárdenas.
Resulta que el “PRIAN” si era cierto, durante años, AMLO convirtió esa expresión en una de sus armas retóricas favoritas. PRI y PAN rechazaron durante mucho tiempo la simplificación porque, efectivamente, existen diferencias históricas, doctrinarias y políticas entre ambos partidos. Pero la oposición ha hecho un esfuerzo considerable para facilitarle el argumento a Morena.
Fox no llegó solo. Acudió acompañado por integrantes de Alma de México, la organización civil que encabeza y desde la cual busca articular ciudadanos, empresarios y liderazgos políticos. El comunicado oficial del PRI informó que Fox y Moreno hablaron de democracia, instituciones, libertades, participación ciudadana y de la necesidad de sumar esfuerzos entre ciudadanos, organizaciones y fuerzas políticas.
¿Por qué el interés? Basta recordar el tamaño de la derrota de 2024. Claudia Sheinbaum obtuvo 35.9 millones de votos, equivalentes al 59.76%. Xóchitl Gálvez, candidata de la coalición PAN-PRI-PRD, consiguió 16.5 millones y 27.45%.
La diferencia fue de más de 19 millones de votos y 32 puntos porcentuales.
Eso explica buena parte de la fotografía. No necesariamente amor. Matemáticas.
La elección del 6 de junio de 2027 renovará las 500 diputaciones federales, además de 17 gubernaturas, congresos locales y miles de cargos municipales. El INE calcula una Lista Nominal superior a 102 millones de electores.
Para una oposición debilitada, competir dividida frente a Morena puede convertirse en una magnífica manera de perder con identidad propia. El problema es que competir juntos tampoco garantiza ganar.
Una encuesta de Enkoll difundida este 8 de septiembre coloca a Morena con 41% de intención de voto, mientras PAN aparece con 12%, PRI con 8% y Movimiento Ciudadano con 12%. Es solamente un sondeo y todavía falta mucho para la elección, pero muestra el tamaño del problema: PAN y PRI juntos no necesariamente producen automáticamente una mayoría.
Hay panistas que no votarían por un priista. Priistas que todavía recuerdan décadas de enfrentamiento con Acción Nacional. Ciudadanos que votaron por la coalición en 2024 únicamente porque enfrente estaba Morena. Y otros que simplemente dejaron de creer en ambos.
Ahí está el verdadero desafío.
Mientras ellos se fotografían, Morena factura. Claudia Sheinbaum entendió inmediatamente el regalo comunicativo.
Tras el encuentro, afirmó que Fox y Moreno representaban un regreso al pasado de “corrupción y privilegios”.
Desde el punto de vista de comunicación política, Morena recibió una pieza casi perfecta.
El expresidente que simbolizó la derrota histórica del PRI aparecía ahora sentado con el dirigente nacional de ese mismo partido.
Las democracias funcionan también mediante acuerdos, coaliciones y negociación entre adversarios. Los partidos europeos llevan décadas formando gobiernos con fuerzas que compiten ferozmente entre sí. Y frente a un partido dominante, coordinar candidaturas puede ser perfectamente legítimo.
El problema de PAN y PRI no es sentarse juntos. El problema es que hasta ahora parece más claro aquello contra lo que están unidos que aquello para lo que quieren unirse.
Jorge Romero, dirigente nacional del PAN, lo sabe. El 7 de septiembre aclaró que Acción Nacional no tiene construida ninguna alianza para 2027 y que analizará las condiciones particulares de cada estado antes de decidir. El partido pretende fortalecer primero sus propias siglas y después determinar dónde conviene coaligarse. Tiene lógica.
Porque una cosa es construir una coalición electoral. Otra es reconstruir una oposición.
Fox y Alejandro Moreno tendrán que responder una pregunta mucho más sencilla: ¿Para qué quieren volver al poder? “Para sacar a Morena” no alcanza.
Después de las derrotas de 2018 y 2024, el electorado difícilmente se entusiasmará solamente con una restauración del viejo equilibrio partidista. La oposición necesita explicar qué haría diferente en seguridad, salud, economía, justicia, educación, corrupción y política social.
En el 2000, Vicente Fox logró convencer a millones de mexicanos de que representaba el cambio frente al PRI.
En 2026, aparece sentado junto al PRI tratando de convencerlos de que juntos pueden representar el cambio frente a Morena.
La historia dio una vuelta bastante peculiar. Fox y Moreno consiguieron una fotografía. A Morena le funcionó la historia que contó.
Esta vez no salió de una mañanera.
Nos leemos.


