Carlos Manzo Rodríguez, alcalde de Uruapan, fue asesinado a balazos la noche del 1 de noviembre, momentos después de transmitir en redes sociales una invitación al Festival de las Velas, una de las celebraciones más emblemáticas del municipio que gobernaba desde septiembre de 2024.
Tenía 40 años y había llegado a la presidencia municipal como candidato independiente, tras distanciarse del partido Morena, con el que fue diputado federal de 2021 a 2024. Antes de eso, trabajó como auditor en el IMSS en Michoacán, además de contar con formación en Ciencias Políticas y Gestión Pública por el ITESO.
Conocido como “el alcalde del sombrero”, Manzo se ganó notoriedad por su discurso directo contra el crimen organizado y su constante exigencia de mayor presencia federal en Michoacán. “No puede haber abrazos para los delincuentes… para los delincuentes debe haber chingadazos cuando atentan contra la gente inocente”, declaró en una ocasión, marcando su estilo frontal.
Durante su gestión, implementó estrategias poco comunes en el ámbito municipal, como recompensas de hasta un millón de pesos a policías locales que lograran decomisos importantes, y la activación del “código rojo” tras detenciones de presuntos miembros del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), medidas que, según sus allegados, buscaban enviar un mensaje de que el municipio no se rendiría ante el crimen.
Sin embargo, el propio Manzo había advertido públicamente que su vida corría peligro. Apenas el 19 de septiembre, pidió apoyo al entonces secretario de Seguridad Pública federal, Omar García Harfuch, diciendo que no quería “ser un presidente municipal más de la lista de los ejecutados”.
Desde que asumió el cargo, convirtió la seguridad en su bandera política. En múltiples publicaciones dirigidas a la presidenta Claudia Sheinbaum y al gobernador Alfredo Ramírez Bedolla, pidió reforzar la presencia militar y federal en Uruapan, municipio agrícola golpeado por extorsiones y enfrentamientos.
Carlos Manzo solía usar sus transmisiones en vivo para acercarse a la gente: hablaba de obras, vialidades o eventos culturales, pero también de su lucha por un municipio más seguro. Irónicamente, fue durante una de esas jornadas públicas cuando le arrebataron la vida.
Su muerte deja abierta una pregunta que se repite en distintas regiones del país: ¿qué tan caro cuesta alzar la voz contra el crimen en México?


