El Club Pachuca llegó con aires de grandeza, se vendió como el nuevo orgullo de Concacaf, que el mundo por fin iba a ver lo que era el fútbol mexicano. Pero lo único que mostró Pachuca fue desconcierto y falta de ideas.
La realidad fue dura: tres partidos, tres derrotas y cero puntos. Sí, cero.
Y ojo, porque no fueron los únicos en estrellarse. Desde Sudamérica también llegaron dos que se sentían los reyes del barrio, Boca Juniors y River Plate. Fanfaronearon como siempre, hablaron de jerarquía, de camisetas pesadas y hasta se animaron a decir que estaban para campeonar. ¿El resultado? Eliminados en primera ronda.
Ni Boca ni River pasaron de la fase inicial. Se fueron con las manos vacías, dejando atrás todas esas declaraciones que tanto ruido hicieron antes del torneo. El fútbol les recordó que la historia no juega, que los títulos del pasado no sirven de escudo y que si no corres, luchas y juegas con humildad, te vas para casa antes de tiempo. Y eso hicieron. maletas y a casa.


