Las lluvias registradas el fin de semana volvieron a evidenciar la vulnerabilidad del terreno en la delegación Sánchez Taboada, donde los deslizamientos y hundimientos continúan avanzando. Las afectaciones más graves se concentran en la calle Erídano y en el bulevar Sánchez Taboada, donde 27 viviendas ya fueron clasificadas en riesgo por Protección Civil.
En esta zona, los residentes han observado nuevas fracturas en muros, bardas y estructuras internas, además de hundimientos del suelo que se han acelerado con la humedad. En la calle Erídano, el pavimento colapsó hasta partirse en dos niveles, dejando la vialidad inutilizable y obligando a la evacuación de familias cuyas viviendas presentan daños estructurales severos.
El bulevar Sánchez Taboada, uno de los accesos principales a la zona, también registra deterioro significativo. Desde inicios de octubre se había detectado deformación del concreto cerca de una fuga de drenaje y de un punto de deslizamiento activo. Sin embargo, las recientes lluvias profundizaron las fisuras y desplazamientos del terreno, lo que llevó al cierre total de un tramo de la vialidad el pasado 15 de noviembre para evitar riesgos a conductores y peatones.
Actualmente, una empresa contratada por el Ayuntamiento realiza perforaciones de hasta cinco metros como parte de un estudio técnico que permitirá determinar el nivel de inestabilidad del subsuelo. De acuerdo con la autoridad municipal, el análisis podría tomar hasta dos meses, periodo durante el cual se evaluará la necesidad de una obra mayor de reposición.
El cierre del bulevar ha obligado a habilitar rutas alternas, principalmente por la calle El Cortez. Vecinos organizados controlan el paso en calles internas como Casiopea, permitiendo únicamente el acceso local para evitar cargas excesivas que puedan agravar daños en tuberías y suelos ya debilitados.
La problemática en Sánchez Taboada no es nueva. La delegación concentra el mayor número de deslizamientos de tierra en la ciudad, un fenómeno asociado a su antigüedad urbana, asentamientos irregulares y una red de drenaje y agua potable con más de cuatro décadas de operación. Las tuberías, muchas de barro y en mal estado, generan filtraciones subterráneas que, sumadas a las lluvias, aceleran los movimientos del terreno.
Los vecinos advierten que ellos mismos han tenido que realizar reparaciones menores para evitar que la situación escale, recordando incidentes pasados en vialidades cercanas que terminaron en colapsos más severos. Mientras avanzan los estudios oficiales, la incertidumbre persiste tanto por el futuro de las viviendas como por la movilidad en una zona ya afectada por el deterioro del terreno.


