Los 38 feligreses de La Luz del Mundo detenidos en Vista Hermosa recuperaron su libertad después de que un juez confirmara lo que sus abogados denunciaron desde el primer momento: se trató de una detención ilegal, arbitraria y basada en prejuicios contra su fe.
La defensa explicó que el operativo estuvo plagado de irregularidades. Los creyentes fueron trasladados fuera de tiempo y sin respeto a los plazos constitucionales de 48 horas que marca la ley. “No se cumplió con lo que establece el Registro Nacional de Detenciones. Fue un procedimiento viciado desde el inicio”, aseguró el penalista Leonardo Quevedo Domínguez.

Los abogados también destacaron que el cateo se realizó en un predio particular, lo que agrava aún más la ilegalidad de la captura. Para ellos, este detalle confirma que no se trató de un acto de justicia, sino de un operativo improvisado, sin fundamentos legales y que nunca debió proceder.
Además, denunciaron que todo el caso estuvo acompañado de discriminación y estigmatización religiosa. Señalaron que en redes sociales se multiplicaron burlas, memes y comentarios ofensivos contra la fe de los detenidos, lo que calificaron como racismo abierto hacia sus creencias. “Se buscó criminalizarlos por su religión, no por hechos reales”, acusaron.
En la audiencia, la defensa fue clara: no había pruebas sólidas para sostener acusaciones graves en contra de los feligreses. “Hubo más prejuicios que evidencias”, insistieron, recordando que la justicia no puede construirse sobre percepciones ni especulaciones, y menos cuando se trata de la libertad de culto.

Los feligreses fueron respaldados por un equipo legal integrado por tres abogados, dos de ellos del despacho Quevedo Asociados. Ellos sostienen que este fallo no solo devuelve la libertad a 38 personas inocentes, sino que también envía un mensaje claro: la fe no es delito y no puede ser motivo de persecución ni de criminalización mediática.
Lo que comenzó como un caso envuelto en especulaciones terminó exhibiendo un operativo fallido, lleno de violaciones a los derechos humanos y teñido de prejuicios. Hoy, la resolución judicial representa para los feligreses una victoria no solo legal, sino también moral: la confirmación de que la justicia, tarde o temprano, pone las cosas en su lugar.


