El boxeo da segundas oportunidades, y Jaime Munguía lo sabe. El púgil tijuanense está decidido a cobrar venganza y escribir una nueva historia cuando se vuelva a ver las caras con Bruno Surace el próximo 3 de mayo en Arabia Saudita, en una función encabezada por Canelo Álvarez ante William Scull.
En entrevista con TV Azteca, Munguía dejó claro que no hay espacio para la improvisación. “Nos estamos preparando a conciencia, vamos a llegar en excelentes condiciones. Me visualizo saliendo con el brazo en alto, va a ser una gran pelea”, aseguró con la determinación que da la sed de revancha.

La primera batalla entre ambos dejó cicatrices. Munguía dominaba el combate, incluso mandó a la lona al francés en el segundo asalto con un poderoso gancho de izquierda. Parecía tener todo bajo control. Pero el boxeo, con su naturaleza impredecible, tenía preparado un giro trágico. En el sexto round, mientras Munguía presionaba contra las cuerdas, Surace sacó una derecha demoledora que impactó directo en la mandíbula del mexicano. La lona fue su destino. Cuando logró levantarse, ya era tarde: el árbitro había terminado la cuenta. El “batacazo del año” lo firmaba un Bruno Surace hasta entonces poco conocido.
Aquella noche, que debía ser un trámite más para mantener el ritmo competitivo, se convirtió en una pesadilla para Munguía, que además sufrió su primer nocaut ante su gente. Doloroso y aleccionador. Con 27 años y un historial de 43 victorias (34 por la vía rápida) y dos derrotas, el mexicano sabe que esta revancha puede marcar un antes y un después en su carrera.
Tras el tropiezo, no dudó en activar la cláusula de revancha inmediata. También tomó una decisión clave: cambiar de esquina. Eddy Reynoso, el célebre entrenador de campeones, ahora dirige su esquina, apostando por una nueva estrategia, por una nueva versión de Munguía.
Del otro lado del ring estará un Bruno Surace invicto, con 26 triunfos (5 por nocaut) y dos empates. El francés, que alcanzó la cima tras su sorpresiva victoria, buscará demostrar que lo suyo no fue casualidad, sino una realidad contundente.
En Arabia Saudita, Munguía no solo peleará por una victoria; peleará por su nombre, por su orgullo y por recuperar el sitio que cree le pertenece en el boxeo mundial.


