Un golpe sin precedentes sacudió al futbol femenil mexicano. La Comisión Disciplinaria de la Federación Mexicana de Futbol (FMF) emitió una sanción ejemplar: seis años de suspensión para una jugadora de Mazatlán FC Femenil, luego de comprobarse su participación directa en el amaño de partidos durante el Torneo Clausura 2025 de la Liga MX Femenil.
El fallo, considerado histórico por su severidad, se basa en una investigación de oficio que reveló prácticas antideportivas que atentan contra la integridad del juego. De acuerdo con el comunicado oficial de la FMF, se recabaron pruebas sólidas que demostraron la implicación de al menos cuatro futbolistas en actividades que vulneran los principios del juego limpio y las normativas tanto de la federación mexicana como de la FIFA.
El caso comenzó a gestarse en abril de 2025, cuando se encendieron las alarmas tras una serie de resultados atípicos en los encuentros de Mazatlán, particularmente contra Querétaro y América. La sospechosa conducta en el campo disparó una investigación interna que posteriormente fue asumida por la Comisión Disciplinaria.
El proceso incluyó el análisis de videos, llamadas, mensajes de WhatsApp, correos electrónicos vinculados a casas de apuestas, así como testimonios de las implicadas. Entre las pruebas destacadas, se encontraron videollamadas comprometedoras y comunicaciones directas que evidencian una red de manipulación con motivaciones económicas.
El nombre que más ha resonado es el de Brenda García, defensora del conjunto sinaloense, señalada como la principal orquestadora de los movimientos para manipular los resultados a favor de intereses externos. Junto a ella, también estarían involucradas Ana Becerra, también defensa; Fer Tarango, portera; y Anahí Rentería, mediocampista. Todas ellas, ya separadas del plantel, compartían una estrecha amistad que, según la investigación, facilitó la coordinación de los actos ilícitos.
La FMF, en un intento por sentar precedente, aplicó el Reglamento de Sanciones y el Código de Ética tanto nacional como internacional para definir el castigo. La jugadora sancionada no podrá ejercer actividad alguna relacionada con el futbol profesional por seis años, abarcando funciones deportivas, administrativas o representativas.
Este escándalo abre una profunda herida en el futbol femenil mexicano y lanza un mensaje contundente: la integridad del deporte no está en negociación. La Liga MX Femenil, que ha crecido a pasos agigantados en los últimos años, enfrenta ahora el reto de reforzar los mecanismos de control y vigilancia para evitar que episodios como este vuelvan a manchar el balón.


