El precio de la vivienda media en Baja California pasó de 609 mil 503 pesos en 2015 a 2 millones 160 mil 226 pesos al cierre de 2025, un aumento de 254% en diez años, de acuerdo con datos de la Sociedad Hipotecaria Federal (SHF). La cifra coloca a la entidad entre las más caras de la frontera norte para adquirir vivienda con crédito hipotecario.
Tan solo en el último año el incremento fue de 11.4%. En 2024 el precio promedio era de 1 millón 938 mil 669 pesos, lo que confirma que la tendencia al alza continúa. La SHF también documentó que después de la pandemia de Covid-19 los valores inmobiliarios registraron un repunte acelerado.
Para dimensionar el crecimiento, en 2019 el precio medio era de 845 mil pesos. En 2021 alcanzó 1 millón 029 mil 039 pesos y en 2023 ya se ubicaba en 1 millón 804 mil 048 pesos, lo que muestra un salto sostenido en pocos años.
Otro dato relevante es que la vivienda usada concentra entre 63% y 64% de las operaciones con crédito hipotecario en el país, superando ampliamente a la vivienda nueva. En años anteriores, los desarrollos recién construidos tenían mayor peso en el mercado.
El analista económico Roberto Valero Berrospe señaló que el encarecimiento responde a diversos factores. “Esto pasa más en Tijuana porque llega mucho mexicoamericano a comprar vivienda, porque es muy costoso en California. Los créditos de Infonavit no alcanzan para comprar una casa, por eso abrieron ese programa de juntar el crédito del abuelito, de la mamá, de varias personas”, explicó.
Entre los elementos que presionan los precios se encuentran la especulación inmobiliaria, la dificultad de acceder a créditos suficientes cuando los salarios son bajos y la inflación en la construcción residencial. En diciembre, la inflación en este sector fue de 3.45%, el mismo nivel que los materiales de construcción, mientras que la renta de maquinaria y equipo aumentó 7.02%.
El comportamiento del mercado refleja una brecha creciente entre el valor de las viviendas y la capacidad de compra de la población local, especialmente en ciudades fronterizas como Tijuana, donde la demanda binacional influye directamente en los precios.


