Han pasado 57 años desde la matanza de Tlatelolco, uno de los episodios más dolorosos en la historia reciente de México. El 2 de octubre de 1968 quedó marcado por la represión contra el movimiento estudiantil, un hecho que enlutó a familias enteras y que hasta hoy sigue siendo recordado con marchas y exigencias de justicia.
El contexto del movimiento
En la década de los 60, los jóvenes mexicanos se inspiraron en las protestas sociales que se vivían en países como Francia y Estados Unidos. Bajo el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970), la inconformidad creció tras un conflicto estudiantil ocurrido el 23 de julio de 1968, cuando policías y militares intervinieron en riñas entre alumnos de la Escuela Vocacional 5 y la Preparatoria Isaac Ochoterena.
El movimiento se amplió más allá de los estudiantes. Obreros, amas de casa, intelectuales y profesionistas también se sumaron a las protestas que buscaban mayores libertades políticas y civiles, un país más democrático y el fin del autoritarismo, como lo documentó la investigadora Angélica Pérez Nava en 2018.
Las demandas del 68
Durante las manifestaciones, los estudiantes pidieron la libertad de presos políticos, la derogación del artículo 145 del Código Penal Federal, la desaparición del cuerpo de granaderos, la destitución de mandos policiacos, así como indemnizaciones a las familias de muertos y heridos y el castigo a funcionarios responsables de la violencia.
En el mitin del 2 de octubre participaron alumnos de la UNAM, IPN, El Colegio de México, Chapingo, Ibero, La Salle, Normal de Maestros, ENAH, entre otras instituciones educativas del país.
El 2 de octubre de 1968
La concentración en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, parecía llegar a su fin cuando un helicóptero lanzó bengalas. Esa señal marcó el inicio del ataque: el Batallón Olimpia abrió fuego contra la multitud, donde había estudiantes, maestros, familias y trabajadores.
El caos se extendió por la plaza y los edificios cercanos. Muchos intentaron refugiarse en los departamentos del conjunto Chihuahua, pero soldados ingresaron para detenerlos y, en algunos casos, asesinarlos.
El número de víctimas nunca fue esclarecido. Aunque las versiones oficiales lo redujeron, investigaciones posteriores señalaron que hubo cientos de muertos. En 2006, la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado estimó alrededor de 350 personas asesinadas, aunque aclaró que no podía establecer una cifra definitiva.
Una herida que no cierra
La frase “2 de octubre no se olvida” se convirtió en el símbolo de memoria y resistencia de este movimiento. Cada año, miles de personas marchan en la Ciudad de México para recordar a las víctimas y mantener viva la exigencia de justicia frente a una de las violaciones a derechos humanos más visibles en la historia del país.


